Críticas de cine

«La sociedad de la nieve»: una película tan desgarradora como impactante, de las que no quieres ver dos veces

Juan Antonio Bayona, por medio de su última entrega, está a vueltas con un tema que en octubre de 1972 dejó atónito y zarandeó al mundo entero: un avión uruguayo, el vuelo 571, que debía llevar al equipo de rugby “Old Cristians Club” a Santiago de Chile desde Montevideo acaba estrellándose en los picos montañosos de los Andes, un lugar del que, normalmente, no hay forma humana de salir con vida. Aun así, tras 72 días varados en una panorámica inhóspita, 16 de los 45 pasajeros logran sobrevivir de milagro a una emboscada que les tendió un destino despiadado. Además, con el fin de hacer frente a su nueva realidad durante diez semanas, tuvieron que recurrir a una decisión de difícil elección moral: practicar antropofagia con los cuerpos de algunos de los muertos.

Pancho Delgado a Numa Turcatti:“Este podría ser nuestro último viaje juntos.”

El comienzo del filme, en antítesis con lo que seguirá, traslada al espectador a un ambiente placentero, de amistad y cofradía de unos muchachos que disfrutan de su compañía mutua y saborean el presente a través de bromas y risas a la espera de una competición contra un contrincante inglés que se dará en Chile. La atmósfera plácida se mantiene durante el vuelo hasta el momento del accidente, cuando, en un abrir y cerrar de ojos, se desata el camino hacia el infierno invernal de los miembros del equipo, a la par de sus familiares y amigos más allegados. Un poco antes, en clave de presagio, un titular de un periódico previene a los espectadores sobre un barco que se ha hundido frente a las costas de Montevideo. Los jóvenes hablan de lo peligroso que es volar a través de los Andes debido a la succión creada por los vientos cálidos de Argentina y al aire frío de la montaña, pero un chico del grupo asegura que ellos, como son “pillos”, llegarán a su destino sin problemas.

La escena del accidente aéreo que transcurre en la pantalla a continuación es sumamente impactante y consigue zambullir al espectador en una experiencia sensorial aterradora y, además, muy verosímil, gracias a su talentoso director. Las filas de los asientos se derrumban como unas piezas de dominó partiendo todo a su alrededor, mientras que el viento y la nieve se apoderan del fuselaje abierto, dejando en vilo a todos sus pasajeros. La banda sonora, es decir, un zumbido de metal, no hace más que apoyar la vastedad del paisaje y la desesperación de la gente.

Mezclando tomas de los Andes con sesiones de rodaje en las montañas de Sierra Nevada, Granada, J.A Bayona logra rehacer la intensa historia de un grupo de hombres que se ve obligado a luchar por sobrevivir, con la que mantiene a los espectadores con el corazón en un puño. A la vez, va explorando la fuerza del espíritu humano y la capacidad del mismo ante situaciones límite. Así, Bayona, el director de El orfanato, vuelve a demostrar su habilidad para crear tensión y transmitir emociones de forma ejemplar.

Aparte de la narrativa central de supervivencia, Bayona subraya en esta película la importancia de la solidaridad a la hora de enfrentar momentos insólitos, de crear una sociedad, una hermandad para salir adelante, porque siempre “hay que intentarlo” (Nando Parrado, interpretado por Agustín Pardella).

Una experiencia visual y emocional descomunal

La sociedad de la nieve es un acierto cinematográfico indudable, que convence desde el principio hasta el final, no solo por su dirección magistral, sino también por las actuaciones de los actores elegidos tras siete meses de casting, como Matías Recalt (Roberto Canessa), Agustín Pardella (Nando Parrado) o Numa Turcatti (Enzo Vogrincic), el que cuenta la tragedia del Valle de las Lágrimas.

Dejando de lado el tema central, la película plantea también preguntas éticas sobre hasta dónde estaría dispuesto el ser humano a llegar para sobrevivir y si la conexión humana puede mantenerse en medio de la adversidad. La sociedad de la nieve es, a decir de su director, “una reflexión sobre los vínculos y sobre aquello que dejamos a los demás. En esta historia es evidente como los personajes, de alguna forma, antes de morir, daban lo poco que les quedaba: sus ánimos y su cuerpo para que el otro pueda llegar.” A  menos que se sea demasiado sensible, La sociedad de la nieve es una cinta de obligatorio visionado, ya que, sin duda alguna, dejará marcas profundas en la historia del cine español. Es una película que destaca en todos los sentidos, acudiendo a una ejecución técnica impecable. Es por eso por lo que está en todas las quinielas para alzarse, como poco, con un premio Óscar, ya que competirá en dos secciones: Mejor Película Internacional y Mejor Maquillaje y Peluquería.

Un esfuerzo que no ha caído en saco roto

A lo largo del tiempo, el acontecimiento del llamado “milagro de los Andes” dio un giro mundial gracias a la gran difusión de innumerables noticias, reportajes, documentales, el libro homónimo, en el que se basa el filme de Bayona, entre otros, o los insignes largometrajes como Supervivientes de los Andes, dirigido por René Cardona y, años más tarde, ¡Viven!, de Frank Marshall, en 1993, con un elenco estadounidense encabezado por Ethan Hawke. A finales de 2023, sin embargo, el curtido director barcelonés, J.A Bayona, decide desenterrar el caso echando mano de tecnología puntera y, sobre todo, desde un nuevo enfoque, eso es, contar los hechos a través de los ojos de Numa Turcatti (Enzo Vogrincic), uno de los pasajeros del vuelo 571.  Al poder jactarse de romper récords de audiencia, ya que cuenta con más de 75.000.000 visualizaciones, el director español puede decir sin reparos que, con este nueva manera de contar una historia archisabida, lo ha clavado. Asimismo, a decir del mismo Bayona, su cinta ocupa el primer lugar en todo el mundo, no solo en cintas de habla no inglesa, sino en general.

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