Críticas de cine

El último vagón: un homenaje a la docencia

Los niños de corta edad, especialmente en la etapa de crecimiento, como son los de primaria, son muy frágiles y, por ello, propensos a desvíos y deslices de todo tipo. Es por eso por lo que maestros, junto a profesores, despliegan un papel clave en la formación y el desarrollo infantil. Al margen de formar parte del proceso de enseñanza y aprendizaje de todo niño, les toca incluso una tarea todavía más desafiante, la de guiarlos e infundirles una brújula moral que les reporte beneficios a lo largo de sus vidas.  Esto es, una serie de valores imprescindibles para que maduren en unos jóvenes exitosos y equilibrados. No cabe la menor duda de que los maestros son una figura central de la vida de todos y cada uno de nosotros, ya que los recuerdos que les guardamos dejan constancia de que cumplieron con su objetivo.

Un drama a varias bandas

 El último vagón, la cinta mexicana que ya forma parte del catálogo Netflix a partir de finales de este mayo, tiene como propósito troncal hacer un homenaje a la docencia, sobre todo a los maestros que despuntan en malabarismos  para sacar adelante a los niños de pocos recursos de las zonas rurales por culpa de una precariedad sin parangón del sistema educativo. Dejando de lado el tema principal, el director Ernesto Contreras, abriendo el melón de la educación carente de recursos por falta de inversión, denuesta al entramado político al señalarlo como el mayor culpable del desastre educativo de México. Es algo muy común en las películas mexicanas dar con reproches dirigidos a gobernantes por hacer jugarretas a sus votantes. Asimismo, se recalca que, tras decisiones descabelladas y jugadas como las de cerrar a cal y canto instituciones educativas rurales, aparentemente en aras del bien común, dichos dirigentes echan por tierra los esfuerzos sobremanera de los docentes para apañarse con escasos presupuestos, así como las buenas intenciones de los mismos.

En definitiva, lo peor de todo, es que los que salen perdiendo son los niños a los que se les prohíbe formarse como profesionales y acceder a una vida mejor.  A pesar de lo dicho, el filme va más allá de los horrores que salen de las manos de los adultos y transmite un mensaje muy positivo y cariñoso que depara una sensación muy agradable a lo largo de más de una hora y media. De la mano del personaje principal, Ikal (Kaarlo Isaacs), encauzado por su maestra, Georgina (Adriana Barraza), se conecta al televidente a un panorama de inocencia, de amistad sincera e inquebrantable y de que todo es posible en lo que se da un chasquido de dedos. Esto es, el mundo inspirador y optimista de los niños que siempre saben sobreponerse a todo.

 Una historia sencilla y luminosa

La película El último vagón está inspirada en la novela homónima escrita por Ángeles Doñantes, un libro muy familiar para Contreras, cuya madre fue maestra de primaria, de modo que le tocó vivir de cerca el compromiso, la entrega y pasión que conlleva esta profesión. El protagonista, Ikal, un niño de alrededor de diez años, está siempre a salto de mata debido al trabajo de su padre que se dedica a la construcción y reparación de vías de tren. Por ello, junto con su familia, el niño se ve obligado a trasladarse muy a menudo por todo México. Ikal, que nunca ha conseguido tener su burbuja de amigos, anhela echar raíces y entablar amistades. Su sueño parece hacerse realidad con su última mudanza en un sitio rural remoto de México, donde consigue hacerse amigo de otros niños de su edad y ganarle el cariño de la maestra Georgina. A todo esto se le suma el perro Quetzal, que, junto a la maestra, logran que Ikal sienta por primera vez que pertenece a un lugar.

Georgina, que imparte clases en un vagón de tren, tiene muy presente que la educación de sus alumnos recae exclusivamente sobre sus hombros, puesto que no tiene ni siquiera el más mínimo respaldo de parte del estado. Así, consciente de su carga, acaba por dejar huellas profundas en sus estudiantes, al grado que Ikal, de mayor, querrá hacerse docente. Simultáneamente conocemos a Hugo Valenzuela, un trabajador de la Secretaría de Educación, encargado, muy a su pesar,  de cerrar instituciones educativas rurales con el fin de llevar a cabo un mejor plan de desarrollo para la enseñanza.

¿Por qué no perderse El último vagón?

El último vagón no es una cinta habitual del mundo actual en el que vivimos, ya que prescinde de groserías, comentarios escatológicos o de contenido sexual. Es una película tierna y sensible que invita a reflexionar y mirar dentro del niño que yace en cada uno de nosotros. Es, a mi parecer, un proyecto que colma las expectativas, además de contar con la cotizadísima actriz Adriana Barraza y con un elenco infantil que está a la altura.

El último vagón en palabras de su director

“Estoy convencido de que El último vagón es una película luminosa y entrañable, de esas que estoy seguro permanecerán en la memoria del espectador tanto por su nivel emocional como estético. Fue una oportunidad fantástica para hacer una película bellísima en todo sentido acompañado por un equipo maravilloso de profesionales que aportaron todo lo que vemos y escuchamos en pantalla. Como director este viaje significó un reto de realización, trabajo con actores, tono, ritmo, pero sobre todo y más importante la posibilidad fantástica que el cine nos brinda de establecer una conexión total con las audiencias.” Ernesto Contreras.

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