Un Álvaro Morte con acento andaluz en ‘Dos tumbas’
A finales de agosto, Netflix lanza la miniserie de tres episodios Dos tumbas, cuya trama logra colarse entre las primeras posiciones de audiencia en muy poco tiempo. El trío que se esconde tras el seudónimo Carmen Mola (Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero), creadores de la cinta, tiene pensado sumergir al público —de la mano de un elenco encabezado por Kiti Mánver y Álvaro Morte— en una historia que emana amor y venganza por partes iguales: la de una abuela al borde del precipicio tras dos años de la desaparición de su nieta Verónica.
Durante tres capítulos de alrededor de 50 minutos, la septuagenaria Isabel decide tomar las riendas y se vuelca en una investigación por su cuenta, sin importarle transgredir la ley, ya que la policía ha dado por archivado el caso de desaparición de las dos chicas de 16 años, Verónica y Marta, por falta de pruebas a dos años de lo sucedido.
¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por un ser querido?
En un tranquilo pueblo costero andaluz (con escenas rodadas en Frigiliana, Málaga y Almería, entre otras localidades), dos adolescentes desaparecen. Un tema común en los últimos años en cuanto a los filmes de suspense españoles; sin embargo, Dos tumbas aporta un giro inesperado: sitúa en medio de la acción a una mujer mayor que, cansada de esperar respuestas de la justicia, decide buscarlas por su cuenta. El resultado son tres episodios de un thriller intenso que se consume de un tirón.
La desaparición de Verónica y Marta actúa como desencadenante, pero la serie se revela más como un viaje emocional tortuoso hacia la venganza que como un caso policial en sí. Isabel, encarnada por la vibrante interpretación de Kiti Mánver, es una anciana que rompe moldes. A pesar de aparentar fragilidad, muestra tenacidad, astucia y —lo más importante— es capaz de cruzar líneas morales que otros ni se atreverían a imaginar con tal de dar con la verdad.
Lo mejor: un sesgo distinto y conciso de las extrañas carambolas de la vida
El relato se compone de tres episodios, lo que no da demasiado tiempo para divagar: cada secuencia empuja la historia hacia adelante. Hay tensión, giros inesperados y actuaciones, a grandes rasgos, destacables. No hay que pasar por alto la interpretación de Álvaro Morte, que es totalmente distinta a la del Profesor en La casa de papel. Con acento andaluz, luce un aire frío y peligroso… “un asesino”, tal y como lo retrata Hovik Keuchkerian, el actor que interpreta al padre de Verónica.
La tensión se refuerza con un paisaje luminoso que contrasta con la oscuridad de lo narrado, logrando que la bella Andalucía se convierta en un personaje más. Y, por supuesto, el peso interpretativo de Kiti Mánver eleva el conjunto: pocas veces se ve en pantalla un retrato tan poderoso de la vejez como fuerza activa y no como carga.
Otro ángulo, pero al final, sota, caballo y rey
No obstante, Dos tumbas no escapa a cierta sensación de déjà vu. Los temas de desapariciones, corrupción y tomarse la justicia por su mano son frecuentes en el thriller español contemporáneo.
Aunque la miniserie aporta matices interesantes, algunos rumbos resultan bastante previsibles y ciertos personajes parecen dibujados con prisa, además de tener un desenlace rápido y contundente.
Por otro lado, el acento andaluz, considerando que la acción se sitúa en Frigiliana, apenas está presente. El único que pone algo de su parte al respecto es Álvaro Morte, a quien se le da tan bien hablar con acento de su zona.
Conclusión
Dos tumbas, bajo la dirección de Kike Maíllo, no viene a reinventar el género, sino a aportar un enfoque fresco: el de una anciana que traspasa todos los límites judiciales, así como morales. De esta manera, sin duda alguna, la serie te deja reflexionando sobre lo que conlleva el precio de averiguar la verdad.
Es una producción que se ve de un tirón —es decir, sin pausas— y, aunque no es perfecta, sin duda vale la pena.
Foto de Tanya Barrow en Unsplash


