Patria, una serie de obligatorio visionado
A más de cinco décadas de su fundación, el grupo terrorista Euskadi Ta Askatasuna (en castellano Euskadi y Libertad) anunció en el año 2011 “el final de su trayectoria” por medio de una carta dirigida a cuadros políticos y sociales vascos. La agrupación ideológica, conocida como ETA, nació en 1958, en plena dictadura franquista, y su meta era luchar por la independencia del País Vasco tanto de España como de Francia. A pesar de que a sus inicios desplegaban acciones no violentas, con el paso del tiempo, el grupo dio comienzo a variopintos actos armados. Tanto es así que la Fundación de Víctimas del Terrorismo cuenta hoy día con 856 víctimas en España durante la actividad criminal de ETA. El terror con el que se vivía en esa época era descomunal, sobre todo si se era empresario, ya que los etarras, para poder autofinanciarse, solían exigir un cierto monto de dinero a los pertenecientes a la clase acomodada. Lo peor era que dicha cantidad de dinero podía incrementarse de un día para otro y, al rechazar el pago, uno podría sufrir amenazas o, aún peor, atentados.
Tomando como punto de partida ese tenebroso capítulo de la historia reciente española, el escritor Fernando Aramburu lanzaba en 2016 la novela “Patria”, un hito literario que llegó a traducirse a dispares idiomas en muy poco tiempo. Es más, años después, se pone en marcha el rodaje de la serie homónima, la adaptación del libro a la pantalla chica. A su creador, Aitor Gabilondo le tocó llevar a cabo una labor de pico y pala, puesto que, a menudo, a las adaptaciones se les equipara injustamente con el libro. Digo injustamente porque ambos acuden a herramientas distintas a la hora de ser concebidos y es por eso por lo que no deberían compararse jamás. Ni valdría la pena en este caso, porque la serie brilla con luz propia, aún más cuando cuenta con el respaldo de una dirección de fotografía y un elenco infalibles durante los ocho capítulos, que ronda cada uno una hora de duración.
Patria es una historia enternecedora, una adaptación de categoría que no busca encontrar culpables o verdugos, no da sentencias ni busca la verdad. Cada uno tiene la suya. Y precisamente en torno a este concepto va diseñándose el guion: a las verdades de dos mujeres, amigas de toda la vida, que terminan como el perro y el gato por no compartir las mismas convicciones. Tras conocerse y ser una piña durante décadas, las estrechas relaciones de las dos familias vascas se vuelven cada vez más tirantes hasta romperse a raíz de la radicalización de Joxe Mari (Jon Olivares), el hijo mayor de Miren (Ane Gabarain). Del otro lado se encuentra Bittori (Elena Irureta), cuyo marido, Txato fue asesinado a tiros por los etarras. La mujer precisa saber el nombre del asesino y, particularmente, si Joxe Mari, el amigo de sus hijos y el hijo de su mejor amiga, está metido de alguna manera en este asunto. Miren, a su vez quiere saber lo mismo, pero no para que se haga justicia, sino para amparar mejor a su consentido. Con un amor ciego de madre y arropada por el sacerdote del pueblo, Miren está completamente convencida de que su Joxe Mari hizo bien en ingresar en la organización y, de este modo, lograr la anhelada independencia de Euskal Herria, territorio vasco repleto de especificidad cultural.
Trasladando al telespectador del pasado al presente y viceversa, con el fin de poner de relieve los vínculos que unían en el pasado a las familias de Miren y Bittori, la cinta muestra las dos caras del sufrimiento y las vicisitudes de estas, rotas por un conflicto interminable, sin echar mano de diálogos largos, aunque cuando existen son muy relevantes. En cuanto al reparto se refiere, huelga decir que es un acierto de arriba abajo. Sobresalen Irene Irureta y Ane Gabarain, cuyas interpretación simplemente te pone los pelos de punta. Son creíbles, te hacen sentir su congoja, te guían hacia el trasfondo de sus almas y no las puedes juzgar, ya que hacen que se entienda su parte de verdad que les corroe.
A una actuación irreprochable hay que añadir, como comentaba al inicio, una dirección de fotografía que pone mucho celo en cumplir su tarea, conectando al telespectador con el mundo de estas dos mujeres sin consuelo. Se recurre a muchos primeros planos y se decide crear un ambiente cargado, en un tono grisáceo y angustiante, en sintonía con el peso que llevan encima las dos mujeres y, por extrapolación, con el silencio de un pueblo quebrantado por el terrorismo.
Ahora bien, esto no significa que la serie sea perfecta, ya que se nota la influencia de los ingredientes que se deben añadir en la actualidad a la hora de recibir el visto bueno de parte del “tribunal” encargado de respetarse una supuesta corrección política. Por ello, se cuela alguna que otra cosilla metida con calzador. Con todo, nada de eso consigue restarle importancia a la serie y, por esta razón, si acaso no la habéis visto hasta ahora, la deberíais ver, no vayáis a perderos un excelente relato sobre el dolor y el perdón. Patria es una cinta de obligatorio visionado que, no por nada se hizo con cuatro premios Platino en la edición de 2021.

