Críticas de cine

¡Que viva México!

Este año, el cineasta Luis Estrada estrenó en la gran pantalla su más reciente película, ¡Que viva México! a través de la cual pone a caldo a los mandamases políticos que, durante décadas, no han hecho más que hacer todo lo posible para que la pobreza y la desigualdad se atrincheren en este país. Sin fruncir el ceño, antes al contrario, acudiendo al género que más casa con las multitudes, la sátira, el director concibe un excelente retrato de la cultura, mentalidad e idiosincrasia mexicanas.

Una vez más, a la audiencia se le ofrece una comedia amena, salpicada con realismo cotidiano, una película coral que entrelaza una tanda de estereotipos que pega no solo con el pueblo mexicano, sino con la actualidad en la que vivimos todos nosotros, verbigracia, el contraste de dos mundos (los pobres y los ricos), la polarización social, la intolerancia o el racismo. Todo sea dicho de paso, unos asuntos candentes del panorama diario de todos los países, aún más de los menos desarrollados.

Con el fin de zambullir al público en un mundo caricaturesco, Luis Estrada recurre a unos personajes hasta grotescos que cuentan la historia de dos mundos, de los ¨fifís¨ y de los que viven con holgura. Dos mundos conectados por la voracidad y el anhelo de hacerse ricos en un abrir y cerrar de ojos sin mover siquiera un dedo. El filme trata de la historia de Pancho Reyes (Alfonso Herrera) que ocupa el cargo de ingeniero en una fábrica de Ciudad de México quien, a pesar de llevar encima las deudas de una hipoteca y de tarjetas de crédito, vive sin reparar en gastos junto a su mujer, Mari (Ana de Reguera) y a sus dos hijos, quienes acuden a un colegio privado. Pancho, encargado de reducir los gastos de la fábrica, se ve obligado a despedir a los obreros. Si bien muy a su pesar, le queda más claro que el agua que solo así puede gozar de un ascenso profesional a gerente general y, de paso, darle el gusto a su jefe, Don Jaime (José Sefami) de quitarse de encima de una porrada de vagos, ya que esta es la manera en la que él ve a sus empleados.

A pesar de no tener que ceñirse el cinturón para llegar a fin de mes, Mari quiere todavía más y, de esa manera, convence a su cónyuge a superar su pesadilla de volver a encontrarse con su familia, a la que lleva alrededor de 20 años sin ver. Al fallecer el abuelo, la presencia de su nieto, Pancho en “La Prosperidad”  es imprescindible para poder leerse el testamento. “La prosperidad” es una comunidad rural, dejada de la mano de Dios, que no entraña nada de próspero, al contrario, es un lugar donde reina una situación persistente de pobreza y corrupción. Al cobijo de una reforma se produce siempre un gran desajuste social y ese es el hilo de cabecera de una historia tejida con tino por el cineasta mexicano. Al margen de esto, supo muy bien elegir el elenco, donde destaca Damián Alcázar, el actor fetiche de Estrada, padre de Pancho que ruega a su hijo que venga a “La Prosperidad” para hacer efectiva la herencia, estando seguro de que su padre ha impartido de forma equitativa todo lo que le pertenecía; sin embargo se llevará una gran sorpresa. Vemos a un Damián Alcázar en triple rol, donde hace el papel de ciudadano de a pie, padre de Pancho y de otros múltiples hijos, de cura, así como de alcalde.

¡Que viva México!, aunque quizá no esté a la altura de otros filmes dirigidos por Estrada como El infierno o La dictadura perfecta, es una cinta que sorprende dos clases sociales diferentes, pero que piensan lo mismo cuando de por medio hay dinero, por el que vale la pena hacer lo que sea, hasta morir. Por otra parte, la película en cuestión alude al hecho de que en México la pobreza todavía se ceba con sus ciudadanos, donde sigue predominando el subdesarrollo. Además, es un país donde es mejor deshacerse de los lazos sanguíneos cuando la situación está asociada al dinero. Al ver el filme, durante más de tres horas, que es la duración del mismo, me sonó el refrán “Parientes y trastos viejos, pocos y lejos” que, básicamente, hace hincapié en lo anteriormente dicho. Sí lo sabrá Pancho que al irse a su pueblo natal, pensaba hacer un buen negocio, pero le salió el tiro por la culata.

En resumen, es una película con la que uno se lo pasa muy bien, que la podéis encontrar en Netflix a partir de este mayo, y del cual su director afirma que es “mi película, con certeza, más ambiciosa. Traté de hacer una especie de compendio de los grandes temas que a mí me preocupaban sobre lo que ha sido la historia reciente del país”.

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